Errantes, solitarios, en pos de la utopía. Paladines anónimos no hay batalla que asedie ni han de esperar siquiera que alguien los rescate del primitivo olvido del olvido. Nadie lee sus versos, ni contempla sus cuadros yacen en un depósito cual sus propias estatuas mutiladas. Sus vuelos serán altos... modestos... a ras del suelo... no tienen quien los juzgue.
Llevan horas dispersas urdiendo la metáfora o la cadencia mágica de la prosa rimada. Caminarán sin más buscando ese perfil en la precisa luz que da cada jornada. Errantes, solitarios, portan como trofeo en una herida abierta la aciaga indiferencia. Navegan en el barco del silencio sin llegar a promisorias tierras, transcurren, sobreviven, y cada tanto... garabatean cuartillas como ésta.
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