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HACEDORES IGNOTOS- LUCINDA PIONA | Errantes, solitarios, en pos de la utopía. Paladines anónimos no hay batalla que asedie ni han de esperar siquiera que alguien los rescate del primitivo olvido del olvido. Nadie lee sus versos, ni contempla sus cuadros yacen en un depósito cual sus propias estatuas mutiladas. Sus vuelos serán altos... modestos... a ras del suelo... no tienen quien los juzgue.
Llevan horas dispersas urdiendo la metáfora o la cadencia mágica de la prosa rimada. Caminarán sin más buscando ese perfil en la precisa luz que da cada jornada. Errantes, solitarios, portan como trofeo en una herida abierta la aciaga indiferencia. Navegan en el barco del silencio sin llegar a promisorias tierras, transcurren, sobreviven, y cada tanto... garabatean cuartillas como ésta.
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SUEÑOS- MARTA BONORA | Mi amiga Margarita había soñado fervorosamente con un amor que la cobijara y le permitiera ir enhebrando sus sueños, hasta convertirlos en vida. Recibió, en cambio, la más refinada y excelsa brutalidad escondida detrás de alguna primitiva forma de querer, que es cuando se toma al otro para que nos sirva. Llegó a un matrimonio, que fue construido sobre la frase: “Hay que salir adelante”. Esto significa “conseguir dinero”, para alimentarse, para poder respirar y envolverse con algún cobijo intentando atenuar el tiritar constante de un corazón casi helado por la sorpresa de una vida no esperada. Allí estaban... Y así eran la vida y el matrimonio, una constante fuga de energía que no le dio respiro por muchos años. La virgen matriz de mi amiga Margarita tuvo – Sin embargo – aliento para engendrar tres hijos mientras anudaba y desanudaba esperanzas que se convertían, en realidad, en luchas titánicas “para salir adelante.” Sus sueños, atrapados entre cuatro paredes, tres críos y un marido trabajador no encontraron forma de respirar y - casi ahogados – aprendieron a lagrimear , sonarse, y a descansar callados y sin darse vuelta para nada; se acostaron un día y dormitaron... boca arriba. Siempre los sueños boca arriba... Boca arriba parecía descansar su marido, quien – en realidad – después de tanto trabajar no tenía paz ni con su propio espíritu por que lo asustaba con sus gritos y ronquidos. Y, en ese constante ventilarlo, entre soplido y soplido lo había desnudado hasta helarlo de frío. Solo exhibía una boca reseca y un espíritu desparramado de susto. Eso sí, exhibía –también – algún capital económico... Pero mi amiga Margarita, que en principio parecía cobarde, y - a pesar de que en el camino de “salir adelante” casi todo había quedado atrás – rejuntó las hilachas de sus sueños, se armó atuendo de esperanzas nuevas y, cuando ya sus hijos no estaban en casa, se subió a la ribera de la vida, se atrevió a reclamar en voz alta y comenzó a desempolvar sus sueños. Lentamente los puso de costado, el haber estado boca arriba les había resecado parte de su esencia, pero el oxígeno vuelve... siempre que se quiera respirar. Y se oxigenaron cuando les abrió la puerta y les habló - quedamente – para sacudirles la modorra. ¡Treinta años boca arriba es mucho tiempo!, se dijo y le crecieron ganas y sus brazos se convirtieron en alas, que la llevaron a volar por lugares inesperados donde los sueños se alimentan para poder reproducirse y perpetuar la especie, inextinguible e impenetrable para los que no creen. Es que la vida se oscurece con oscuridad de espanto y tedio cuando los sueños se pierden. Por eso mi amiga Margarita trataba de multiplicarlos, para que la vida no se le escurriese entre los dedos como agüita en movimiento. De su pequeño santuario interior sacaba cada día un sueño nuevo; algunos eran huidizos y difíciles, otros se elevaban tanto, que no podía alcanzarlos, pero siempre estaban “los posibles”: pequeños sucesos que convertían el alma de Margarita en una nube de luciérnagas dispuestas al vuelo y a la luz. Y se dormía cada día con una sonrisa que parecía estar siempre pintada sobre su rostro de mujer desnuda de la ropa de la tristeza, cobijada por el aleteo de la creatividad y la búsqueda constante. ¡¡Vivan los sueños!!, gritó un día –imprudentemente – Margarita, su marido se sorprendió tanto que abandonó el ronquido para convertirlo en gruñido, áspero y amenazante. Margarita se arrugó de susto, pero encontró – no se sabe cómo – la forma de superar las intimidaciones: cerró sus oídos a tanta melodía desafinada y escucho sólo el murmullo de su propio espíritu, liviano, libre, sereno. Y fue - poco a poco – construyendo un mundo sin fronteras donde abrigarse de tanto hielo externo que congelaba sus entendederas. Como en su mundo no había fronteras, un día se encontró apenas murmurando y al otro, ya no habló más. No hacía falta. Todo estaba en ella: el paisaje, los colores, las formas, la música, las palabras, la poesía, el razonamiento... Todo aquilatado en el transcurso de su vida – de esperanza en esperanza y a pesar de todo- de su rica vida interior a la que ninguna brutalidad pudo rozar porque sus sueños la defendieron siempre... Y la defienden aún, porque al no existir referencias literales de la eternidad, se los ha llevado con ella, por si acaso, y juntos duermen para siempre y de costado... para no perder la esencia. |
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NORMA JAMAR |  Qué sería de mí sin la palabra, haya silencio o haya bullicio. Primaveras encendidas, inviernos con niebla, ocres otoños sabrosos de hojas, lánguidos veranos. Adjetivando a las estaciones, siempre me encuentra la palabra, pero aún no la he desmenuzado. Tal vez, deba sentirme rocío, hoja seca que corre sin destino, niebla que no deja ver, o sol que derrama por doquier. Y no es poco, porque en la vida que transcurre son escasos mis latidos para sentirme un jirón de estrellas. |
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ASI TE AMO- ISABEL DAIBES | Tengo una flor quimérica en mis ojeras y en mi espera una lágrima asombrada, una tristeza larga enamorada y una noche infinita con mis penas. Tengo un Universo de besos escondidos agazapados esperando que tú pases, tengo un rincón del pecho florecido y tu nombre escrito en todas partes. |
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TIEMPO DE VOLVER- MABEL GUADO de MORENO | Se cubre de luces matinales el paisaje. Embriagada de ruidos, embriagada de viento, avanzo por el camino magullado, arenoso. Sobre el campo tendido, el preludio de una vidalita de viajero peregrino. Rayos oblicuos apresan mi sombra. El canto del ave espacia el cielo y, al momento se tiñe de mariposas el recto sendero. Final del camino. Giran, giran las ruedas sobre la gramilla olorosa. Escaleras arriba, sólo hay puntales desnudos. ¿Dónde está el paisaje admirado en largas tardes de verano? ¿Y la Casa? Sólo queda un jazmín. Desgajados están los cipreses y pinos y la pérgola desnuda ha perdido el solaz. El sol no me devuelve el azul y el naranja. Adormecida, me envuelve el crepúsculo. Una estrella me mira con su distante luz. ¡Es tiempo de volver!...
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DESTINO- PEDRO VITERBO FERRER | Hermógenes era un alumno muy callado, cuando asistía a aquella escuela de campo. Ya estaban por terminar las clases y todo era preparativos para la fiesta de fin de curso. Recuerdo que bailamos zambas y chachareras y cerramos con un hermoso pericón, en el que participáramos todos los chicos. Salió todo bien y las maestras estaban muy contentas con nosotros. La escuela quedaría sola, en aquella planicie abierta; estaría esperando a los chicos de la próxima temporada. A Hermógenes, - que había terminado la enseñanza primaria - no lo volví a ver más. Su familia vivía bastante lejos de la escuela y él iba a cada día a clases, a caballo, en su brioso azulejo. Los años pasaron, rápidos, unos tras otros. La escuela se poblaba de nuevo niños, cada inicio de clases. Con muchos de los compañeros de la escuela quedamos amigos, nos veíamos siempre, sobre todo los vecinos más próximos. Los campos no eran grandes y así el vecindario se mantenía sin mayores cambios, durante muchos años. Pero, en verdad, de Hermógenes, no se supo más nada desde aquellos días finales de la escuela. Cada uno se ocupaba de sus cosas y estábamos atareados en quehaceres diversos y algunos pocos se fueron del pago aquel, con otros rumbos... Cierta vez me entero que aquel compañerito de la primaria, bien criollo por cierto, se había conchabado de peón en una estancia grande de un pueblo vecino. Todos los días trabajaba de sol a sol, lidiaba con la hacienda y también recorría los campos. Era muy responsable y serio en sus tareas: siempre cumplía bien. Así se hizo un hombre de provecho. Cierta vez se cruza en el camino de su vida, una muchacha, como él, sencilla y buena. Fausta se llamaba: morena y de grandes ojos negros. Pronto sus dos corazones latieron al unísono, llegaron a quererse con amor sincero y prestamente se amancebaron. Más tarde, para completar la alegría de aquél cálido nido de amor, llegó un hermoso niño. Las horas de sus días eran de dicha y placer. La bienaventuranza colmaba el buen ánimo de aquellos jóvenes, amantes y honrados, que así en esa dicha sólo ven amaneceres luminosos cada día de sus existencias bienechoras. Pero un día, su cabalgadura, su mejor amigo, su enérgico caballo de montar, el mejor pingo, - el más noble amigo del hombre - , en una embestida hacia un rodeo cercano, tuvo la mala fortuna de meter una mano en una simulada cueva de peludo, cae quebrado y con tan aviesa suerte aplasta contra el suelo a Hermógenes, que exhala allí mismo su último suspiro. ¡El cruel destino se ensaña siempre con la venturanza del hombre! |
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LOS OLVIDADOS- HIPOLITO PAOLOCA GUARDIOLA |  La suave brisa de la tarde acaricia la tapa del osario por un sauce llorón. Sobre su fría lapida, Una inocente criatura, da una rosa roja, como un beso, para aquellos desnudos huesos. Huesos que fueron olvidados como se olvida la tabla de moisés... y están allí justos y pecadores, los que creyeron en Dios y Satanás, amontonados como juguetes en desuso esperando que otra criatura, deje otra rosa roja. El osario está lleno, como el atrio de una pomposa iglesia, justos y pecadores los que dejan una limosna, como una rosa roja, sobre la tapa del osario. y al pie de aquella desnuda cruz, aquella rosa blanca.
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VOLVIENDO- CRISTINA NEGREIDO | Mi primera casa soles de verano... donde cruje el trigo bajo los zapatos, donde el medio día funde en una línea la marea rubia con el horizonte, treinta y ocho grados, mi sol de verano. Mi primera casa... Horadando el cielo, con sus estentóreos graznidos los patos al molino viejo que hace tantos años refresca en su estanque viajeros del charco, donde se acicalan y flotan marrones con vivos oscuros Sus trajes plumados. Mi primera casa... Mi casa de campo. Amaba su entorno más que sus ambientes. Al llegar la noche... Deseaba escucharla bajar lentamente... Colgando en el cielo millones de estrellas... Observan los búhos, deambular la noche buscando el follaje de un ciprés al otro... Sueño de resina que nutre la brisa de aromas salvajes; Mi primera casa... No pude olvidarte. |
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SAMUEL BRUCKS- CESAR LOMBARDO |  Aterraste la noche, negaste el día, la nocturna niebla fue tu aliada, en negro traje desolados callejones te vieron emerger cual un fantasma, ofendiste al odio con tus actos, fuiste la sombra de whitechapel, fuiste Samuel Bruks y su destino. Viviste degustando tus infamias, alejaste de vos todo lo bello, ni la flor ni la virtud te cautivaron, alimentó tu sagrario del espanto la cicuta cruel del desamparo. Distorsionaste todo, a lo blanco lo llamaste negro, mentiste, perturbaste, confundiste, burlaste los esquemas de la conducta humana el día en que dejaste de ser bueno. Siempre al acecho, tu espigada figura como anzuelo, tus delicados modales solo engaños, tejías las telas de tus trampas con la sutil paciencia de la araña. Samuel Brucks, breve fue tu vida, tortuoso laberintos se abrieron en tu mente, caminos de tinieblas transitaste con tu lento andar y el alma muerta. Fue dorada tu niñez. Hermosa tu adolescencia, cuando las amorosas manos de tu madre, en jarros de bronce junto al fuego tibias manzanas te obsequiaban, los infantiles cuentos de la abuela, tus bucles, tu ropa perfumada. En gentiles colegios te educaron, te enseñaron modales y palabras, elegantes tiempos, que en las mesas de juego despilfarró tu padre. Todo cambió, de pronto fue la calle, los gastados zapatos, los remiendos, el comer cuando podías, el dormir en cualquier parte, los frascos de ginebra en los portales. Te quitaron la ilusión, las esperanzas, te quedaste sin lágrimas vacío, cuando un ciego rencor cerró tu mano sobre el frío cabo de un cuchillo. En que momento despertó tu ira, fuiste salteador, asesinaste, estafaste tus propios sentimientos, violaste los códigos humanos, no bebiste la sangre de tus muertos simplemente por no considerar aquel detalle. El Támesis te dio la despedida en aquel año del señor de 1837, cuando en el muelle de las ejecuciones subiste los nueve peldaños del cadalso. Mecido por el viento y por la lluvia en un frío amanecer colgó tu cuerpo hasta secarse, solo la niebla, hermana y compañera, envolvió tu cuerpo cual mortaja. |
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EL SECRETO DE LA PAZ- DELFOR ANTONIO SCOPPA |  Quiero la paz del mundo y en su secreto encontrar la armonía del pensamiento la palabra y la verdad buscarla por aire y tierra también por cielo y mar atesorarla en mi conciencia comprenderla con sabiduría no para ser su dueño sino para echarla a volar, en las alas de los sueños que de utopías, hacen realidad. Bastaría develar el misterio que habita en la unidad lúcida, serena y calma cual cascada en concierto vive en las naves del alma tantas veces escondida casi cierto, tan ausente: es un arma de temer de tan palpable y conocida sagrada y ungida en el ser y así vuelvo de los aires de la tierra y de los mares y encuentro en mí: verdades que las puedo regalar... como un halo adormecido íntimo y profundo cuánto más lo ofrezco; más tengo para dar y aunque la palabra es verbo con significado propio no hay poder en el mundo; pues el secreto es: “amar”. |
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