 Tus ojos me bastan, mi amor. Quédate callada, que tus labios no acaricien la mentira. Ya tus brazos en mi espalda no se enlazan y mi presencia acrecienta tu desdicha. Te incomodan mis caricias y los besos se deshojan como pétalos sin vida; caprichosas mariposas son tus manos escapando de mis yemas encendidas. Calla, que el silencio es confidente de tus ojos cegajosos, de tu prisa. Soy invierno en el vergel de tu memoria, vestigios de una brasa que agoniza. Silencio. La brisa de tu aliento que se aleja, mientras rojos pimpollos en el jarro me susurran al oído la tristeza. |