I
No me endioses, ni me alabes, susúrrame mis defectos. No aprisiones tus sentidos en la cárcel de mi cuerpo. No me tientes con halagos, ni encapriches mis deseos, siénteme gris, indeciso, predecible, sin secretos. II
No me idealices, porque si lo haces, Amarás lo que quieres que sea, y no lo que soy. No me regales tu sexo, sólo por nimio placer, que me cueste demasiado aunque amenace en ceder. III
No te cubras en mi sombra, prolongándote en mi ser, ten tu ego y tu memoria, no sólo en la luz te quiero ver. No me dejes pensar por ti, más oblígame a pensarte, no mucho, quizá un atisbo suficiente para amarte. IV
Provócame, y si ves que la llama se extingue, engáñame, no engrilles tu felicidad. (yo sabré que he fracasado). Ama lo feo y lo bello de mi cuerpo, si son más los defectos, ignóralos, no los niegues, si me amas, aprenderás a embellecerlos. V
No me celes, pero has que mis celos se encarnen, que duela entender cuánto me embriagas. Déjame inventar sobre tu ser, que mis labios sean a tu cuerpo lo que tu cuerpo es a mi piel, que no haya frontera sin ceder, que no haya rima sin su verso, que no haya verso sin su miel. Ámame, pero no me desees, si lo haces, no podrás dejarme. Ámame por lo que soy: un hombre, simplemente un hombre. |